¿Cuándo y cómo llegó el café a Loja?
- Jamill Ramón
- 26 abr 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 1 may 2019

Estas preguntas parecerían irrelevantes, sin embargo se constituyen importantes cuando vemos el peso específico de este cultivo y su cadena en la provincia de Loja.
Con mucho aprecio, cuidado e interés he leído el artículo de mi paisano Galo Ramón: “La primera planta de café en el ecuador, se sembró en Loja”, publicado recientemente en mayo de este año, vale comentar que el artículo se motiva por medio de conversaciones con Galo, que por cierto llevamos el mismo apellido, pero no somos parientes, o al menos no nos hemos reconocido aún… me imagino que, si atamos raíces, por algún lado salimos primos… como es casi normal en nuestra tierra.
Así comenzó esta pregunta...
En 2012, cuando realizaba algunos estudios, pude revisar parte del Censo Económico realizado en 1826 y 1827, en los anexos del artículo “La provincia de Loja en el siglo XIX (desde la Audiencia de Quito al Ecuador Independiente), realizado por Ives Saint-Geours en la publicación “Cultura Revista del Banco Central del Ecuador” de 1983. Así podemos conocer que, en 1826 se registró 1 quintal de café en el cantón Cariamanga y 8 quintales de café en 1827; 4 quintales en el cantón Zaruma y 4 quintales en el cantón Catacocha, lo que implica que las matas de café se sembraron unos años antes.
Pero, por qué es importante esto, no por discutir con nuestros hermanos manabitas o de otras regiones del Ecuador, sino por que esto es parte de una gran respuesta que las mujeres y hombres enamorados del café en la región sur, de una u otra forma buscamos.
Algo que nos explique por qué ese arraigo territorial y cultural, por qué al café, como otros cultivos y alimentos, lo sentimos tan nuestro, tan adentro en nuestras costumbres, y claro que esto fue conformándose por lo que vivimos junto a nuestros queridos viejos, a ese aroma que desde pequeños percibíamos en las cocinas de las abuelas, esas legendarias frases: “¿ya estará el cafecito?”, “a mi me gusta que pinte la taza”, “no habrá cafecito”, “ya me duele la cabeza por una taza de café”, “aquí una tacita de café”, “un cafecito para el frío” y así, dichos típicos que nos muestran el gusto y cariño que sentimos por esta bebida.
Estos registros del Censo Económico de mediados de la década de 1820, nos dicen, al menos por lo pronto, que es muy posible que el café se cultivó en Loja, antes que en otros lados del país, por ello, las lojanas y lojanos, lo conocimos y nos familiarizamos tanto con él, lo hemos llevado y sembrado a donde hemos ido.
Sin embargo, la investigación es incipiente, y esa es la intención de estas líneas, motivar a la gente de mi provincia a investigar el tema, aportar con documentos, estudios, saberes, anécdotas, leyendas, entre otras fuentes, para construir la historia del café lojano, aquí algunas de las preguntas que deberíamos plantearnos:
· ¿De dónde vino el café a Loja: del norte o del sur?
· ¿Cuándo y en qué sitio o sitios se realizaron las primeras plantaciones?
· ¿Cómo y dónde se distribuyó el cultivo a nivel provincial?
· ¿El café que se produjo, en dónde se vendió?
· ¿Cuál fue la primera cafetería en la ciudad de Loja o en los cantones?
· ¿A qué otras provincias llevamos las semillas y lo cultivamos?
Estas preguntas entre otras requieren respuestas, creo que, con esto, los estudiosos e interesados en el sector agrario y las tradiciones lojanas, se plantearán muchas preguntas más, ya que, por ejemplo, están las alegrías y tristezas que han dado los precios del café, las de formas de preparación, las tecnologías usadas a través de los años, etc.
Con el debido respeto a los investigadores e historiadores, aquí tenemos un desafío importante desde un punto de vista histórico, que además tiene aplicaciones prácticas, especialmente en este momento que se construye la denominación de origen del café lojano y en los varios concursos de Taza Dorada que hemos ganado, además que el café es muy apreciado por los turistas y está constituyéndose en un referente que interesa a los visitantes de nuestra ciudad y provincia.
¡Buen viento y buena mar para el café lojano!


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